Dorotea en su azotea enciende una vela y se pone a leer. Lee que te lee... Dorotea en su azotea nunca deja de leer.
jueves, 5 de julio de 2012
Cuento un cuento
La actividad que voy a relatar a continuación, he de decir que es de los momentos más esperados por mí a lo largo de la asignatura.
La actividad consistía en juntarnos por grupos de tres para trabajar cada uno una estrategia de cuento, por lo que, sin duda alguna, elegí la estrategia del cuentacuentos.
Desde siempre me ha apasionado contar cuentos,y me encanta mejorar cada día aprendiendo nuevas técnicas o simplemente aprendiendo de mis fallos, por lo que consideré que sería una buena oportunidad para no sólo valorarme a mi misma, sino ser valorada por mis compañeras.
Así que me puse manos a la obra a buscar algún cuento que me llamara la atención, o simplemente a rebuscar en mi memoria alguno que siempre me guste contar. Sin embargo, no llegué a encontrar el cuento que creía indicado para la ocasión, por lo que decidí utilizar mi imaginación.
Previamente a la clase, fui pensando de qué podría tratar el cuento, y me hice un esquema mental con las ideas y la estructura principal. Sabía que el cuento iba a ser de un pequeño ratoncito con ganas de vivir aventuras e ir a la ciudad, y que allí se enamoraría de una bella ratoncita en apuros, pero aún no sabía exactamente los detalles ni qué viviría exactamente por el camino mi ratoncito, pero eso decidí dejárselo a la magia de la improvisación.
Y así fue. Conforme comencé a contar el cuento, empecé a describir el lugar sin haberlo pensado previamente, y comencé a imaginarme mil aventuras de las cuales elegí solo unas cuantas para no extenderlo en exceso... Empecé a detallar pequeños momentos en los que bien contados, producen disfrute al oírlos, hasta que llegué a la ciudad y el ratoncito salvó a su dama en apuros. Sin embargo, no se quedó ahí, ya que mientras contaba el cuento, se me ocurrió que el ratoncito siempre había tenido un complejo, y era ser el ratoncito más pequeño del lugar, y al salvar a su ratona, se dió cuenta de que a pesar de su altura, era capaz de muchas más cosas de las que creía, por lo que, sin apenas darme cuenta, le dí un contenido añadido al cuento el cual puede hacernos pensar un poco.
Pero vallamos a lo que dijeron mis compañeras de mi interpretación del cuento. Por lo general, yo ya iba observando sus caras de emoción y de asombro cuando iba cambiando el ritmo del cuento, cuando las sobresaltaba, cuando llegaba alguna parte... por lo que imaginé que al menos mi objetivo estaba siendo cumplido, el objetivo de introducirlas en el cuento hasta que olvidaran todo su alrededor. Así que al terminar,ambas me dijeron que les gustó mucho mi expresividad a la hora de contarlo, el tono de voz adecuado a cada momento y lo emocionada que me veían. Como pequeño fallo, me comentaron que quizás en algunos momentos hablé demasiado deprisa, por lo tanto, agradecí que me lo dijeran y me lo apunté para futuras ocasiones.
Respecto a mis compañeras, ambas supieron desenvolverse muy bien, llegando incluso a sorprenderme en algunos aspectos que pensé que quizás flaquearían un poco. Me encantó como narraron y leyeron el cuento, por lo que al finalizar, les dije los aspecto más positivos y alguno negativo que, quizás, en mi opinión, debían mejorar.
Y por último, en relación a cómo yo me ví, puedo decir que también me sorprendí bastante, ya que pocas veces he contado un cuento a un grupo tan reducido, y a veces, por curioso que parezca, intimida más. Sin embargo, estuve muy relajada(a excepción de las pequeñas mariposillas del comienzo) y sobretodo muy a gusto con la reacción de mis amigas y mi inmersión en el cuento.
PD: Al haber estado trabajando en una granja escuela, he podido poner en práctica el cuento con peques de 4 añitos, y el resultado fue maravilloso :)
miércoles, 4 de julio de 2012
Cuéntame un cuento, mamá.
Eran ya las
once de la noche después de un caluroso día de Julio. Dorotea y Timotea habían
pasado el día en la playa, pero aún así, Timotea no tenía sueño, por lo que
le pidió con mucho cariño a su querida mamá que la contara un cuento.
Curiosamente,
por aquella época, Dorotea estaba preparando un trabajo escrito a cerca de la
“Hora del cuento”, ya que debía de dar una charla a un reducido grupo de
estudiantes de magisterio dentro de poquito tiempo.
Por lo que,
aquel día, Dorotea estaba tan metida en el mundo de los cuentos que no le costó
mucho, a pesar del cansancio, abrir uno de los libros preferidos de Timotea y
empezar a leer…
Pero antes
de contaros cuál era el libro con el que Timotea disfrutó esa noche, quiero
mostraros el trabajo en el que Dorotea estaba inmersa por aquel tiempo…Y dice
así:
Voy a
hablaros de la mágica hora del cuento. Y os preguntaréis, ¿Qué es la hora del
cuento? La hora del cuento, técnicamente, es un momento en el que gracias a la
escucha, los niños mejoran sus funciones lingüísticas y comienzan a adquirir
las herramientas necesarias para comenzar a iniciarse en el mundo de la
lectura. Pero, en mi opinión, el verbo que mejor define la hora del cuento es
el verbo “disfrutar”. El objetivo principal de los niños es que disfruten
escuchando un cuento, que lo sientan, que les transmita, que les emocione o que
simplemente les haga sonreír.
Desde
tiempos inmemorables, la difusión de las historias ya sea de forma contada,
narrada o simplemente leída, es algo que nos ha acompañado y nos acompaña
constantemente. Hoy día, el momento en el que los niños se reúnen alrededor de
una buena historia, o simplemente el momento en el que un padre o una madre le
lee un cuento a su niño para dormir o incluso para desayunar, es un momento
sagrado, sin duda alguna. Pero, por supuesto, vosotras, los maestros y maestras
de educación infantil, no podéis pasar por alto este mágico momento, sino que
tiene que ser una bonita costumbre en la jornada del día a día.
Y os
preguntareis, ¿Cuáles son los beneficios que aporta el momento del cuento?
Pues mirad, tenéis en vuestras manos (y tenemos) un recurso maravilloso con el
que aparte de disfrutar, como bien hemos dicho, desarrollan muchas capacidades
necesarias en estas edades tan tempranas.
Para
empezar, al escuchar un cuento, el niño comienza a desarrollar esa capacidad de
escucha y atención que tan imprescindible le resultará en su vida como
aprendiz. Además, como bien decíamos antes, con sólo la escucha, se empiezan a
desarrollar muchas de las funciones lingüísticas necesarias para un inicio
hacia la lecto-escritura, aumentando también, por supuesto, su creciente
vocabulario.
Por otra
parte, gracias a la escucha de una historia, los más pequeños comienzan a
desarrollar ese gran mundo de la imaginación, empezando a crearse imágenes a
partir de lo que escuchan, algo que, sin duda, es imprescindible en la mente de
un niño y de cualquier adulto.
Además,
gracias a los cuentos, podemos transmitirles también muchos de los valores
necesarios en la educación, ya que con sólo escuchar las historias de los
personajes, las hazañas que viven y los aspectos positivos y negativos que
aparecen, el niño comenzará a interiorizar todos aquellos aspectos necesarios
en su formación como persona. Pero no sólo aprenderá valores, sino que gracias
a esos personajes, el niño podrá comenzar a experimentar sentimientos como la
empatía al sentirse identificado, en muchas ocasiones, con la historia que
viven los protagonistas.
Por lo
tanto, debemos tener en cuenta que nos encontramos ante un mundo que debemos
saber manejar de la mejor forma, ya que si lo hacemos correctamente,
empezaremos a abrirles las puertas a nuestros niños hacia el maravilloso
universo de la lectura, aquel que sí forjamos ya desde pequeñitos, querrán
visitar constantemente.
Por ello, me
gustaría hacer hincapié en cómo debemos manejar correctamente éste
momento tan maravilloso, ya que si lo hacemos como es debido, podremos
aprovechar al máximo todo lo que nos ofrece.
Debemos
tener en cuenta que para que el momento del cuento sea un momento esperado por
todos los niños, hemos de saber bien como iniciarlo, como desarrollarlo, y como
finalizarlo. Para animarles a la lectura, aunque suene obvio, nosotros hemos de
estar también animados, los niños han de notar que nos apasiona ese momento,
que lo vivimos con ímpetu y que deseamos siempre que llegue, ya que solo así
podremos transmitirles la ilusión y el ánimo que necesitan para disfrutar al
completo de la hora del cuento.
Respecto a
lo anterior, es conveniente crear un feedback entre el maestro y los alumnos,
ya que sobretodo en estas edades tan tempranas, es costoso mantener la atención
de todos los pequeños.
Y, para
ello, no hay nada mejor que las preguntas. Sin embargo, hay que saber qué
preguntas hacer y en qué momento realizarlas.
Antes de
comenzar la hora del cuento, es conveniente realizar unas preguntas que le
animen a la actividad, ya que solo con esta motivación conseguiremos enganchar
la atención de todos los niños desde el primer instante. Éstas preguntas pueden
ser algunas como: “¿Alguna vez os han dicho que teníais las orejas grandes?”.
La pregunta, como vemos, siempre deberá ir acorde con el tema del cuento. Otra
pregunta muy común es preguntar de qué creen los niños que puede tratar el cuento,
siendo esta pregunta de las más comunes a la hora de narrar o leer un cuento,
ya que es bueno que comiencen a hacer divagaciones e hipótesis sólo a raíz de
un dibujo, en este caso el de la portada. Sin embargo, este momento no puede
ser muy extenso, ya que si lo alargamos demasiado podemos comenzar a perder su
atención.
Por otro
lado, una vez que ya hemos comenzado el cuento, hemos de ir observando cómo
están de metidos en la historia los niños. Si vemos que están completamente
enganchados a lo que les estamos contando, no hará falta ninguna interactuación
por nuestra parte. Pero, en el caso de que veamos que necesitan algo más de
motivación, es bueno incluir preguntas como: “¿Y qué haríais vosotros ahora?”,
siendo ésta última pregunta muy común en el caso de contar el cuento sin el
libro o un cuento que no contenga imágenes.
Y por
último, os preguntaréis “¿Y qué hacemos cuando acabe el cuento?”. Cuando hemos
finalizado el cuento, las primeras preguntas que hagamos siempre han de ser
subjetivas, tales como: “¿Os ha gustado?”, “¿Qué es lo que más os ha gustado?”.
Y alguna otra que le ayude a acercar el cuento a su realidad más cercana, como
por ejemplo: “¿De qué personaje os haríais amigo?”.
Sin embargo,
no todas las preguntas son aceptables a la hora del cuento. Existen ciertas
preguntas que son completamente innecesarias y que no respetan la etapa
evolutiva del niño. Nunca, bajo ningún concepto, podremos preguntar cosas de
memoria para ver si el niño ha prestado atención, ya que además de ponerle en
una situación tensa, le daremos un sentido estricto a la hora del cuento el
cual no coincide en absoluto con nuestro objetivo principal, es decir, que sea
un momento de disfrute para el niño. Como tampoco, por supuesto, podremos
preguntar aspectos concretos en los que, quizás, nosotros sí nos fijaríamos,
pero el niño no.
Y bien, una
vez que sabemos cómo debemos interactuar con el niño a la hora del cuento, os
voy a explicar las tres grandes estrategias utilizadas en relación al cuento.
Para
empezar, nos encontramos con una de las estrategias más comunes desde tiempos
inmemorables: el cuentacuentos. En definitiva, al contar un cuento lo
que hacemos es narrar una historia por medio de la palabra, sin necesidad de
imágenes explicativas, utilizándose como única herramienta la imaginación. Y,
para ello, existen gran cantidad de técnicas que nos ayudan a que nuestra
interpretación del cuento sea lo más llamativa y expresiva posible. Hay que
darse cuenta de que a la única figura que van a atender los niños es a
nosotros, no contamos con ningún soporte físico como un libro. Por lo tanto, debemos
estar constantemente pendientes de la reacción de los niños, intentando llamar
su atención en algún momento dado mediante un cambio de voz, un sobresalto y cualquier
gesto que les devuelva de nuevo a la historia. En este caso, también podríamos
añadir preguntas como bien decíamos antes, incluso preguntas que les haga
interactuar a las propios niños con la historia. Algunas ejemplos podrían ser:
¿A ver cómo suspiraba..?, ¿A ver cómo le daba un beso…? etc.
Otra de las
grandes técnicas utilizadas es la narración de un cuento. Para esta ocasión,
también hemos de aprendernos el cuento y saber contarlo con nuestras palabras,
ya que únicamente utilizaremos el libro para mostrarles las imágenes, no lo
leeremos directamente. Ésta es una técnica muy utilizada en la primera etapa de
infantil, ya que aún los niños no cuentan con la capacidad de atención
suficiente como para seguir una historia sin soporte visual. Para esta ocasión,
existen libros especiales llamados “Libros de aula” que poseen un formato más
grande que permite que los niños puedan ver las imágenes de manera más fácil.
Y, por
último, no podía faltar la técnica de la lectura de un cuento. Ésta
técnica, realmente es de las más utilizadas ya en la segunda etapa de infantil,
cuando los niños sí comienzan a poseer capacidad de atención. En la lectura de
un cuento, únicamente nos limitamos a leer literalmente lo que pone en el
texto, por lo que tenemos que tener sumo cuidado con nuestra lectura, la
entonación que le damos( al igual que en el cuentacuentos, es conveniente
cambiar las voces de los personajes) y, por supuesto, el contacto visual que
tenemos con los niños, ya que debemos intentar no volcarnos por completo en
libro y aislarnos del resto, porque si lo hacemos de esta forma no
conseguiremos captar su atención.
En definitiva, éstas son las tres técnicas más
utilizadas, pero ante todo, no puedo olvidarme de resaltar que hay que intentar
mantener una coherencia a la hora de introducirles la hora del cuento, ya que
se suele cometer el gran error de decirles: “Os voy a contar un cuento”, y
luego resultar que en vez de contarlo lo que vamos a hacer es leerlo. Hay que
tener bien claro que si les vamos a leer un cuento, hemos de decirles “Os voy a
leer un cuento”, y en el caso de que se lo vayamos a contar realmente, ya
podremos decir tranquilamente “Os voy a contar un cuento”.
Y este era
el trabajo en el que Dorotea estaba inmersa con la intención de mejorar un poco
la hora del cuento en las aulas de educación infantil.
Pero
volvamos a la habitación en la que se encontraban Dorotea y Timotea. Allí estaban
ambas, Timotea ya junto a su peluche “Lucho” y Dorotea abriendo aquel cuento
que tanto le gustaba a su niña, el cuento llamado: “Adivina cuánto te quiero”.
WEBGRAFÍA
http://cuentosparadormir.com/content/page/el-valor-de-los-cuentos-como-parte-de-la-educacion-y-la-vida-familiar
http://www.educarchile.cl/UserFiles/P0001/File/CR_Articulos/La%20hora%20del%20cuento.pdf
http://www.slideshare.net/sara87/pautas-para-contar-un-cuento-presentation
http://www.educacioninfantil.com/educacion-infantil/item/105-como-contar-los-cuentos
ALGUNOS SITIOS INTERESANTES
http://www.puroscuentos.com.ar/2010/08/trucos-y-tecnicas-para-cuentacuentos.html
http://portal.educ.ar/debates/eid/docenteshoy/otras-publicaciones/como-contar-cuentos.php
http://www.cuentacuentos.cc/
http://www.cuentacuentos.cc/
martes, 3 de julio de 2012
Sobremesa veraniega
Después de leer el interesante
artículo de Dorotea a cerca del folclore, me dirijo hacia la nevera, cojo un
helado bien fresquito de postre (porque uf, ¡que calor que hace!) y me
replanteo cuál es la importancia del folclore en mi futuro profesional.
Como bien se dice en el articulo, el folclore convive con nosotros
día a día. La mayoría de las canciones, juegos, cuentos, etc. que aprendemos
cuando somos pequeños, proceden de nuestra cultura folclórica. Por lo tanto,
considero que en mi futuro aula todas las maravillas que proceden de ese mundo
no van a faltar. Debemos poner en contacto a los niños con todas esas historias
antiguas (siempre correctamente adaptadas) para que no sólo nos centremos en
las innovadoras historias de hoy día, sino que, como bien decimos, ayudemos a
que todas esas historias que han perdurado en la historia no se pierdan con el
tiempo.
Desde el aula, estoy segura de que sabremos utilizar todas estas
maravillas de la mejor forma, dedicando, si es necesario, un espacio concreto
en nuestro rincón de lectura a todos los cuentos folclóricos, para que incluso
los niños puedan familiarizarse con la palabra y sepan que todos esos cuentos
no son de hoy, sino que llevan en la boca de mucha gente durante siglos.
En definitiva, me alegro de haberme acercado un poquito al mundo
del folclore, ya que de esta forma estoy segura que no se me pasará por alto
exaltarlo y no dejarlo en el olvido cuando en un futuro tenga que educar a esos
locos bajitos.
La princesa que no quería ser princesa.
Hace mucho,
mucho tiempo, vivían un rey y una reina en un precioso palacio a las afueras de
la ciudad de Londres. Eran los reyes más felices del lugar, y estaban muy
enamorados, por lo que un buen día decidieron tener un bebé.
Al cabo de
nueve meses, llegó a palacio el día tan esperado por todos, y nació una niña
con cabellos de oro y ojos brillantes como la luz de la luna, casi tan bellos
como los de su madre. Sin embargo, ese día, por desgracia, los ojos de su madre
dejaron de brillar, ya que murió dando a luz a su bella hija.
Y así fueron
pasando los años, la princesa se convirtió en la niña más bella del reino y
pasaba todo el día soñando entre libros y fantasías que, por desgracia, no
encontraba a su alrededor. Conforme fue creciendo, la princesa fue descubriendo
todo lo que conllevaba ser la hija del rey, y cuanto más tiempo pasaba, menos
la gustaba aquella responsabilidad que le había tocado sin ella poder elegirlo.
La princesa no quería tener que casarse con quien le impusieran una vez llegada
la edad. La princesa soñaba con vivir mil aventuras, ella sola, recorrer el
mundo de una punta a otra sin necesidad de dar explicaciones a nadie. Por lo
que, al cumplir la mayoría de edad, y llegar el momento que tanto temía,
decidió que debía pensar algo antes de ser condenada a una vida con la que
nunca había soñado. Y sin duda alguna, pensó que no le quedaba otra opción más
que huir fuera de palacio.
Sin embargo,
antes de su huída, la princesa tenía un deseo que siempre había querido que se
hiciera realidad. Una noche, soñó con cuatro de los trajes más extraños que
podrían existir en el mundo, pero se enamoró tanto de ellos que comenzó a vivir
con la esperanza de poder conseguirlos algún día. Así que, debido a la
celebración de su mayoría de edad, decidió pedirle su gran deseo a su padre. Le
pidió, que por favor, se las arreglara para conseguir un vestido tan dorado
como el sol, otro vestido tan plateado como la luna, y un último tan brillante
como las estrellas. Pero la cosa no acababa ahí. Para finalizar su deseo, la
princesa soñaba con tener un abrigo hecho por cada una de las pieles de todos
los animales del reino. Su pobre padre, al principio intentó negarse ante tal
desbaratada idea, pero la adoración que tenía por su niña era tal, que en
inmediatamente puso en marcha a los mejores tejedores del lugar y a los mejores
cazadores del reino, para que el deseo de su pequeña fuera cumplido lo antes
posible.
Pasaron dos
largos años hasta que, al fin, una preciosa mañana de sábado, nuestra
protagonista se encontró en su habitación con los trajes más maravillosos que
había visto en su vida, superando incluso la belleza que poseían en su sueño.
Sin embargo, la alegría de haber visto su sueño cumplido se mezcló con la pena
que la invadió en ese momento, ya que sabía que la hora de su marcha había
llegado, teniendo que dejar atrás a su pobre padre. Pero la princesa seguía
teniendo claro que ella no había nacido para ese mundo, por lo que decidió no
pensarlo más y prepararse para su largo viaje.
Metió en un
zurrón los tres vestidos, su libro preferido, algo para comer, y tres objetos que
le harían estar siempre un poco más cerca de casa, tres pertenencias de su
madre a la que nunca pudo llegar a conocer: su anillo de bodas, un pequeño
colgante con forma de rueca y una medallita de la virgen. Se puso el abrigo de
pieles para no ser descubierta, y junto a la primera estrella de la noche, la
princesa dijo adiós al lugar que le había visto crecer.
Y así fue
como comenzó la aventura de nuestra princesa. Se hizo a las andadas, sola junto
a su zurrón y sus sueños. Pero, desgraciadamente, no todo fue tan fácil como
había imaginado durante años.
A los pocos
días, se dio cuenta que si no encontraba pronto un lugar donde poder conseguir
comida y algo de recursos, no aguantaría mucho más.
Al quinto
día de su recorrido, el sol ya estaba poniéndose en el horizonte, la princesa
caminaba pacientemente por la orilla de un rio, hasta que, de repente, escucho
el rumor lejano de unos agitados pasos de caballo. Rápidamente, buscó un lugar
donde poder esconderse, se manchó la cara de barro para no poder ser reconocida
y, junto a su abrigo de toda clase de pieles, se quedó todo lo quieta que pudo
en el recoveco de un gran árbol.
Pero, para
desgracia de la princesa, aquellos caballos pertenecían a un grupo de
cazadores, y al olfato de sus perros no se les pasó por alto aquel abrigo hecho
de las pieles de todos los animales del reino. Al descubrir a la princesa, ésta
intentó zafarse, ya que imaginaba que eran cazadores de su palacio; sin
embargo, al rato pudo comprobar que, para su suerte, no era así.
Después de
una larga caminata, nuestra protagonista descubrió que no se encontraba en su
palacio. Aquel era un castillo mucho más grande que su antiguo hogar, y una
mezcla de estupor y pánico ante lo desconocido la sobrevino de arriba abajo. Pero
pronto descubriría que no había de que temer.
En aquel palacio,
vivía un rey con su hijo el cual, al cumplir la mayoría de edad, se encontraba
buscando esposa, ya que él sí deseaba la vida que le había tocado en suerte.
Pero
volvamos con nuestra revele princesa. Al llegar al castillo, la asignaron un
pequeño cuchitril como habitación y un puesto de ayudante en la cocina de
palacio. Aquello no era con lo que había soñado, pero si quería vivir
aventuras, esa no podía ser menos.
Fueron
pasando los días, y la princesa apenas salía de la cocina, hasta que, una noche,
anunciaron en palacio que se celebrarían tres bailes a los que asistirían todas
las doncellas del reino, con el fin de que el príncipe al fin encontrara a su futura
esposa. La princesa, asombrada ante la idea, pensó que sería su oportunidad
para salir de aquella cocina, así que pidió permiso al cocinero para que la dejara asistir a los bailes. Éste,
sorprendentemente se lo concedió, pero con una condición, que estuviera a
tiempo para hacer el caldo que todas las noches el príncipe tomaba antes de
dormir.
Así pues,
llegada la hora del baile, la princesa sacó uno de sus bellos trajes, eligiendo
para la ocasión el vestido tan dorado como el sol. Se puso como colgante la
virgen de su madre, cepilló su largo cabello y se dispuso a entra en el baile.
Y, como era de esperar, nada más asomar sus brillantes ojos como diamantes,
todo el mundo quedó asombrado ante la belleza inigualable de la princesa. Al reparar
en ella, el príncipe no dudó en concederla el primer baile, y nada más tomar la
mano de la princesa, todo el alrededor desapareció para ambos, ya que no solo
al príncipe le nacieron mariposas en el estómago en ese momento.
Pero nuestra
protagonista no podía quedarse mucho tiempo, así que, terminado el baile, se
apresuro a su habitación, se puso de nuevo su atuendo, se tiznó la cara y bajó
a prisa a la cocina para prepararle el caldo de buenas noches al príncipe. Sin
embargo, la princesa no advirtió que de su colgante se había desprendido la
pequeña figura de la virgen, cayendo, casualmente, en el cuenco de sopa. Por lo
que, cuando el príncipe se terminó el caldo y halló la figura, bajó corriendo a
cocina para preguntar al cocinero, respondiendo éste que no sabía cómo había
podido ocurrir, aunque nuestra princesa sí se dio cuenta, y en ese momento la
sobrevino una idea a la cabeza.
Al día
siguiente, el ritual del baile se repitió. La princesa se apresuró a ponerse, esta
vez, el vestido tan plateado como la luna, se peinó sus cabellos, y cogió premeditadamente
el colgante con forma de rueca, con la intención de introducirlo más tarde en
el caldo del príncipe. Así que, de nuevo, el príncipe y la desconocida princesa
bailaron al son de sus corazones, disfrutando del momento más incluso que la
noche anterior. Al finalizar el baile, de nuevo la princesa se apresuró a la
cocina, ya con su viejo abrigo, a preparar el caldo del príncipe con el pequeño
condimento del objeto. Sin embargo, ésta vez el príncipe le pidió a la extraña
dama que esperara mientras se tomaba el caldo, advirtiendo, de nuevo, en el
extraño ingrediente con forma de rueca que había en su tazón. El príncipe le
preguntó a nuestra protagonista si sabía a quién pertenecía el objeto, y esta
negó conocer el paradero.
Y, al fin,
llegó la noche del último baile. Aquella noche, pensó la princesa, debía ser la
más especial, no solo de los tres días, sino de toda su vida. Por lo tanto, se
puso esta vez el vestido más mágico de todos, aquel que brillaba tanto como
todas las estrellas del firmamento, y se colgó en el cuello el objeto con más
valor: el anillo de bodas de su madre. Cuando acabó, se dispuso a entrar al
gran salón, y esta vez no hizo falta tomar la mano del príncipe para que todo
su mundo desapareciera, ya que con la primera mirada entra ambos todo su alrededor
se esfumó en un instante. Aquella noche bailaron hasta muy tarde, disfrutando
el uno de la presencia del otro, grabando sus miradas y sus pasos. Pero la
noche no era eterna, y la princesa, al igual que siempre, debía apresurarse a
la cocina para preparar el caldo del príncipe. Sin embargo, por la falta de
tiempo, no pudo ni recogerse el pelo ni quitarse el vestido, así que,
simplemente, se puso su abrigo de toda clase de pieles, se tiznó ligeramente la
cara y bajo rápidamente a cocina. Una vez preparado el caldo, depositó en el
fondo el anillo de bodas de su madre, y al igual que siempre, subió a los
aposentos del príncipe. Como la noche
anterior, éste le pidió a la princesa que se quedara, pero esta vez no apartó
la mirada de sus ojos en todo el rato. La princesa comenzó a impacientarse, y
al fin el príncipe encontró en el fondo del cuenco el brillante anillo. Y, con
voz calmada, le dijo:
- - Perdóneme, dama, pero ¿Hoy tampoco sabrá a quién
pertenece este bello anillo, verdad?
- - No – dijo, ruborizada, la princesa.
- - Pues permítame decirle que es exactamente igual al que
llevaba esta noche mientras bailábamos al son de la música, bella mía.
Lentamente,
se levantó de la cama, se acercó a la princesa, y quitándole la capucha
suavemente, depositó en sus labios aquel beso con el que había soñado desde la
primera vez que la vio por primera vez.
- - Vos princesa-continuó el príncipe mirándola fijamente-
me habéis hecho el hombre más feliz desde que os vi aparecer aquella noche, por
lo que, si sois tan amables, ¿Aceptaríais casaros conmigo y vivir el resto de
vuestra vida a mi lado?
- - Me encantaría ser feliz a vuestro lado, mi dulce
príncipe.
Por lo
tanto, nuestra princesa comprobó que, por mucho que quisiera huir de su destino,
el inesperado amor la abrió un camino con el que no había soñado, pero el cual
se había convertido en su sueño desde ese mismo momento.
Y así fue como el príncipe y la princesa que
no quería ser princesa, comenzaron a ser felices para siempre.
domingo, 1 de julio de 2012
Atardecer en Barcelona
El sol comenzaba a caer, pero el día aún no había hecho más que empezar.
Dorotea y Timotea, ambas disfrutando de la tarde, iban degustando un maravilloso helado de frambuesa con frutas del bosque por las calles de Barcelona. El ambiente era propio de una tarde calurosa de principios de verano, cuando las flores de primavera comienzan a dejar paso al dorado del trigo. Por lo tanto, Dorotea no podía ser más feliz. Respiraba felicidad a cada segundo.
De pronto, Timotea sugirió que se acercaran un momento a las Ramblas, ya que recordó que quería comprar un libro que le llamó la atención la semana pasada. Y, mientras paseaban tranquilamente por las bulliciosas Ramblas, Dorotea advirtió un pequeño grupo de gente que se arremolinaba en torno a un curioso personaje. Aquel hombrecito iba disfrazado de trovador, y acompañado de una pequeña lira (las cuales poco se veían ya), entonaba una dulce canción cuyo tema era, cómo no, el de un galante caballero en busca de una casta dama. Toda esta escena, junto a las caras de emoción de un público embelesado, produjo una bonita sonrisa en el rostro de Dorotea. Pero dentro de esa sonrisa se escondía mucho más, ya que, sin saber porqué, Dorotea de pronto recordó el rostro de su abuela, la suave voz de su abuela contándole historias que, probablemente, llevaban muchos siglos visitando los hogares de muchas familias. E, inevitablemente, le sobrevino una gran sensación de añoranza y melancolía, ya que recordó que, desgraciadamente, estas costumbres folclóricas estaban desapareciendo cada vez más rápido, dejando paso a un mundo demasiado predeterminado.
Sin apenas darse cuenta, después de haber experimentado aquello esa tarde, a Dorotea le entraron unas ganas imperiosas de ponerse a escribir, de resucitar todo aquello relacionado con el antiguo folclore que tan en el olvido parece estar. Por lo tanto, al llegar a casa, se dispuso a preparar un rico té pakistaní, a encender una de sus aromáticas velas y a dejar que el aroma a canela acompañara su vuelta atrás en el tiempo.
Y éste fue el artículo que nació de la inspiración con sabor a canela de Dorotea…
Existe un fenómeno algo extraño, digno de observación y admiración, en el que su principal protagonista son las palabras. Sí, las palabras. Gracias a ellas, flotan en torno a nosotros miles y miles de historias, cuentos, canciones, leyendas, y una larga lista de creaciones maravillosas, que vuelan sin ser vistas, pero sí oídas; sin ser tocadas, pero si contadas. Y todas ellas nacieron un buen día de la imaginación de alguien, no sabemos quién, pero han ido creciendo y llenándose de magia gracias a todos y cada uno de nosotros. Y a este fenómeno, por catalogarlo bajo algún nombre descriptivo, lo llamamos “Textos folclóricos”.
Todos estos “textos folclóricos” han sido transmitidos siempre de voz en voz, pasando por todas las familias desde el abuelo al nieto, durante siglos y siglos y siglos… Además, al ser transmitidos y crecer con cada persona que lo cuenta, todos ellos sufren modificaciones antes de volar hasta el siguiente oído. Por lo tanto, no todo el mundo lo contaba con las mismas finalidades ni las mismas moralejas, ya que eso siempre depende de, primero, la persona, y después la cultura o la época en la que nos encontremos.
Alguna que otra característica más de este fenómeno al que llamamos “textos folclóricos”, es que todos y cada uno de ellos son textos donde la ficción es la reina del baile, la protagonista principal. A pesar de que en ellos se muestre la vida de la gente, sus sueños más profundos, sus deseos ó sus terribles miedos, todo ello siempre está descrito bajo una capa de ficción. Además, como bien hemos dicho antes, estas historias viven gracias a que son contadas de generación en generación, pero, a pesar de que muchos niños gozaban de ellas, no suelen ser historias muy apropiadas para el inocente oído de un niño.
Y, cómo no, con los años, esta afición de contar historias se ha ido cultivando y ha sido degustada cada vez más, hasta que, al fin, a partir del S. XV, fue considerada como un bello arte que todos debemos conservar e intentar que nunca, por mucho tiempo que pase, desaparezca.
Y una vez familiarizados ya con los textos folclóricos, veamos qué géneros se cultivan dentro de este maravilloso mundo…
Por un lado, nos encontramos con el teatro folclórico. Éste es un ámbito que lleva desarrollándose siglos y siglos, a pesar de que haya perdido un poco de fuelle con el tiempo.
Dentro del teatro folclórico existen varias ramas que se han ido desarrollando a lo largo del tiempo… En primer lugar, destaco que uno de los temas más tratados en este tipo de folclore ha sido y sigue siendo (aunque menos) la religión. En los pueblos, siempre ha habido una notada costumbre de exaltar la religión por medio de muchas formas, y llevar a cabo representaciones de su historia es una de ellas. Como ejemplo, tenemos la famosa representación de la “Pasión de Cristo”, la cual lleva siendo representada desde la Edad Media y, actualmente, como ritual de Semana Santa, sigue llevándose a cabo en muchos rincones de España. Y, en contraposición, cuando el tema de la religión ya había sido tocado, se llevaban a cabo también unas representaciones no tan religiosas… ya que eran representaciones con un carácter erótico, que levantaba el fulgor del pueblo. Éstas eran llevadas a cabo en las plazas de los pueblos y destacaban, sobretodo, en carnaval.
En segundo lugar, destacamos un grupo de personajes muy curioso que también se ganaba la amistad del pueblo. Este grupo se hacía llamar “Cómicos de la lengua”. Destacaron, sobretodo, en el siglo de oro, el S. XVII, y no eran más que un grupo de actores que iban trasladándose de ciudad en ciudad, siempre dispuestos a divertir y entusiasmar a la gente con sus obras. Posteriormente, las obras empezaron a representarse en lugares concretos, siendo éste el nacimiento de las primeras compañías de teatro.
Y ya en último lugar, aunque no sea el definitivo, no podemos hablar del teatro folclórico sin recordar los famosos “Títeres de cachiporra”. Este es el pequeño espacio folclórico destinado a los más pequeños, y se basan en la representación de una pequeña obra teatral utilizando muñecos de mano y un pequeño escenario a modo de casita, donde los personajes era lo único visible. Estas obras suelen tener siempre el mismo argumento: Aparece un protagonista con algo que aprecia mucho, y siempre llega una bruja, ogro, lobo u otro personaje malvado que quiere quitarle al protagonista su bien preciado. Posteriormente, el protagonista se pasa casi toda la escena buscando al malo hasta que, finalmente, lo captura y le castiga con una cachiporra.
Por otro lado, dejando a tras las representaciones teatrales, nos encontramos con ámbito dentro de la cultura folclórica que resalta y aún permanece actualmente en nuestra cultura popular. Es el turno de la poesía folclórica, aunque más que de poemas, se trate de otro tipo de formato. Al hablar de poesía folclórica, nos referimos a todas aquellas canciones, nanas, rimas, acertijos, trabalenguas, canciones de juego, versos, e incluso… que nos han acompañado desde nuestra más remota infancia y que lo siguen haciendo hoy día, por mucha edad que tengamos. Sin embargo, no todas las manifestaciones de poesía folclórica están destinadas al público más inexperto e inocente. Durante la Edad Media, por ejemplo, estaban muy de moda las cancioncillas con temas referentes al pueblo en concreto, ó al gran tema del amor y el desamor, como se ve reflejado en las famosas Cantigas Galaico-Portuguesas. Y cabe destacar, también, que todas las oraciones (con más carácter pagano que religioso) que el pueblo cultivaba día a día, son también de carácter folclórico, tales como el famoso “Santa Rita Rita, lo que se da no se quita”.
Pero volvamos a aquello que sí estaba destinado a los más pequeños. Como en todo, al haber una gran cantidad de versos, acertijos, cancioncillas, etc… existen literatos que han decidido hacer una clasificación para poner un poco de orden. Uno de los grandes clasificadores de poesía folclórica es Pedro Cerrillo. Pedro Cerrillo es doctor en Filología y profesor de la Universidad de Castilla la Mancha, entre otras muchas cosas. Para él, la cultura folclórica infantil es un ámbito que considera perdurable a lo largo de la historia, pero, para ello, debemos querer conservarlo. Dentro de las investigaciones que ha hecho respecto a este tema, como bien decía antes, ha realizado una clasificación en la que destaca tres grandes manifestaciones de la poesía folclórica: las danzas de corro (canciones acompañadas de palmas, saltos, giros…); rimas de ingenio (retáilas, disparates, burlas, trabalenguas, adivinanzas…); y, por último, juegos, rimas de movimiento y danzas con acción (nanas, mover manos y piernas, lanzar objetos…).
Para acabar de profundizar en la prosa folclórica, voy a exponer algunos ejemplos que, seguro, nos dibujaran como mínimo una sonrisa saliendo de nuestra memoria los sonidos de nuestra infancia.
Alguna canción…
El Cocherito
El cocherito, leré,
me dijo anoche, leré,
que si quería, leré,
montar en coche, leré.
Y yo le dije, leré,
con gran salero, leré,
no quiero coche, leré,
que me mareo, leré.
La Barca
Al pasar la barca,
me dijo el barquero,
las niñas bonitas,
no pagan dinero.
Yo no soy bonita,
ni lo quiero ser,
yo pago dinero,
como otra mujer.
Quisiera ser tan alta
Quisiera ser tan alta como la luna,
¡ay! ¡ay!,
como la luna, como la luna,
Para ver los soldados de Cataluña,
¡ay! ¡ay!,
de Cataluña, de Cataluña.
De Cataluña vengo de servir al Rey
¡ay! ¡ay!,
de servir al Rey, de servir al Rey,
Y traigo la licencia de mi Coronel,
¡ay! ¡ay!,
de mi Coronel, de mi Coronel.
Al pasar por el puente de Santa Clara,
¡ay! ¡ay!,
de Santa Clara, de Santa Clara.
Algunos trabalenguas y acertijos…
Tres triste tigres comían trigo en un trigal
---
El cielo esta enladrillado
¿Quién lo desenladrillará?
El desenladrillador que lo desenladrille
Buen desenladrillador será
---
En un cuarto hay varios gatos
Cada gato en un rincón,
Cada gato ve tres gatos,
¿Sabes cuantos gatos son?
Y por último, después de haber echado la vista atrás a nuestra infancia, existe un género que no puede ser pasado por alto en el mundo de los textos folclóricos, y ese es, sin duda, la prosa folclórica.
Dentro de la prosa folclórica, destacan los relatos breves y los cuentos. Y, como en todo, al comenzar a haber muchas tipos de cuentos y relatos breves, llegó un buen día un hombre que decidió poner un poco de orden y realizar una clasificación por temas. Ese hombre fue Vladimir Propp, y fue el primer hombre en realizar una clasificación en la prosa folclórica. Propp es de origen ruso, y al comenzar a introducirse en este mundo maravilloso, empezó por recoge todos los cuentos rusos que le fueron posible, para, posteriormente, clasificarlos por temas. Y Propp, después de su exhaustiva investigación, llegó a la conclusión de que, principalmente, existían cuatro tipos de cuentos.
En primer lugar, Propp destaca los cuentos relacionados con mitos. Para él, un mito era aquello que nacía en base a una creencia concreta, muy relacionada siempre con las diversas religiones. Dentro de los mitos, los personajes principales eran dioses o héroes, gracias a los cuales se intentaba explicar todo aquello de la realidad que, muchas veces, se le escapa a la razón.
En segundo lugar, cree que tienen mucha importancia todos aquellos cuentos en los que aparecen animales como protagonistas. Y, dentro de este tema, destaca a su vez dos categorías: los cuentos puros de animales y las fábulas. Respecto a lo primero, son cuentos en el que los personajes son principalmente arquetipos, destacando, además, que no son cuentos en los que destaque una moraleja, sino que, simplemente, llevan consigo una enseñanza. Y en relación a las fábulas, destaca que en ellas se representan los vicios y las virtudes de las personas, incluyéndose (esta vez sí) moralejas.
Por otro lado, nos encontramos con los cuentos de fórmula. La singularidad de estos cuentos es que hay que saber muy bien cómo narrarlos, ya que su importancia reside, principalmente, en cómo se cuentan y en el efecto que éstos tienen en el niño, más que en la propia trama del relato. Dentro de estos cuentos, existe una misma fórmula en la que una misma frase suele ser la protagonista. En ellos suelen aparecer una serie de preguntas y respuestas, llevando siempre un mismo hilo conductor. Como ejemplos, nos encontramos cuentos como “La ratita presumida” ó “Los tres cerditos”.
Y ya por último, pero no por ello menos importante, Propp reserva un rinconcito para los cuentos maravillosos, donde los personajes principales son seres inexistentes, únicamente nacidos gracias a la imaginación, tales como las hadas, los duendes, los ogros ó, simplemente, un personaje que posea poderes mágicos.
Sin embargo, Propp no fue el único que decidió hacer una clasificación de la prosa folclórica. En la Italia de 1920 nació un niño al que de nombre le pusieron Gianni Rodari, el cual no sabían que con los años, a pesar de no ser ya tan niño, nunca abandonaría ese mundo de ilusión e imaginación tan maravilloso. El hombre del que hablamos comenzó a escribir para niños en 1950, comenzando así una carrera en la que más de veinte libros conservamos de él, gracias a sus estudios de pedagogía y su arte escribiendo, donde la imaginación y la fantasía, mezcladas con una visión crítica y original del mundo actual, son las principales protagonistas. Dentro de sus libros, destaco algunos ejemplos como: “La gramática de la fantasía”, “Cuentos escritos a máquina”, “El libro de los ¿Porqué?”, “Cuentos largos como una sonrisa” ó “Confundiendo historias”.
Y, para finalizar el pequeño rinconcito dedicado a Rodari, no podemos olvidarnos de la clasificación de los cuentos folclóricos que llevó a cabo. Para nuestro autor, todos los cuentos pertenecientes al folclore de dividían en tres temas principales: en primer lugar, destaca los cuentos relacionados con animales en general; en segundo lugar, resalta, al igual que Propp, todos aquellos cuentos en los que la magia y la fantasía son las protagonistas, tales como los mitos, los cuentos de hadas…; y en último lugar, nos encontramos con los cuentos en los que se mezclan las bromas y las anécdotas, como los cuentos del listo, del tonto…
Y ya, para finalizar el apartado de esas personas las cuales han dedicado buena puerta de su vida a los textos folclóricos, debemos reservar un rinconcito a una mujer llamada Sara Cone Bryant. Nos encontramos ante la primera persona en la historia del cuento que decidió hacer de su pasión su trabajo: contar cuentos. Sara Bryant, nacida en 1873, se arriesgó a ganarse la vida transmitiendo oralmente todos aquellos cuentos que comúnmente se contaban en los hogares, siendo su mayor empuje el resultado de su trabajo: las sonrisas y el disfrute de los niños. Y, al igual que los autores anteriores, la mujer a la que nos referimos también intentó poner un poco de orden en todo este mundo del cuento, sólo que lo hizo de una forma muy diferente: en vez de clasificarlos por temas, los clasificó por edades. Sara C. Brayant creía que para cada edad había un tipo de cuento con unas características diferentes a los de las otras edades. Por ejemplo, cuando los niños tienen menos de dos años, han de ser cuentos muy visuales en el caso de ser vistos, siendo cuentos con mucha rima y ritmo en el caso de ser contados, tales como las nanas, las retahílas, etc. Por otro lado, cuando los niños se van haciendo mayores y se encuentran, por ejemplo, en la etapa de dos a cinco años, las características de los cuentos cambian notablemente, ya que han de ser cuentos en los que comience a incluirse algo de texto (siempre claro y de letra legible) y personajes con los que se pueda sentir identificado, además de poseer ya una trama algo más compleja con nudo, por ejemplo, acumulativo. Y ya, cuando nos encontramos en la etapa de cinco a siete, el cambio que se produce es muy sustancial, donde destaquen textos con algo más de contenido, empezando a introducirse ya temáticas como fábulas, cuentos de hadas, leyendas, etc.
Siguiendo la línea de todas aquellas personas que le han dedicado buena parte de su vida a los textos folclóricos, voy a hacer un pequeño recorrido por la historia del folclore español y extranjero, destacado algunos personajes literarios que han recopilado y adaptado buena parte de los textos folclóricos que hoy conservamos.
Y, para comenzar, no hay mejor forma de hacerlo que hablando de unos de los grandes artistas de nuestra historia: Charles Perrault.
Allá por el S. XVIII, había un rey al que se le llamaba “El rey sol”. A este rey le encantaba que sus súbditos le entretuvieran contándole cuentos, y puso muy de moda esta costumbre en el Palacio de Versalles.
Pero en la corte del rey, no todo era oro lo que relucía. Detrás de todos los lujos y las formalidades, se escondía un mundo de vicio y escándalo que poco gustaba a los moralistas de palacio. Y, entre esos moralistas, se encontraba Charles Perrault. Charles Perrault era uno de los grandes consejeros de palacio y, curiosamente, le encantaba contar historias. De pequeño, fue criado por una nodriza que le contaba historias de todo tipo y cuando Charles fue creciendo, las fue anotando en una libreta, para que nunca pudiera olvidarlas. Fue aquí donde empezó a crearse su pasión por los cuentos y las historias, aumentando esta costumbre con el tiempo. Además, él era un hombre sumamente culto; leía cuentos de todas las clases (italianos, cuentos celtas…), y gracias a ello, fue creando la destreza suficiente para poder publicar su primera serie de cuentos, los cuales se agrupaban bajo el nombre de “Cuentos de Mamá Oca”. Como curiosidad, resalto que una de las finalidades de estos cuentos era poder moralizar en la medida de lo posible a la corte del “Rey Sol”, esperando que con la moraleja y la sabiduría de cada cuento, todos aquellos que los leyesen pudieran recapacitar sobre su comportamiento.
Pero Charles Perrault no fue el único que se dedicó al bello arte de recopilar y adaptar. Por otro lado, nos encontramos con Hans Christan Andersen. El escritor del que hablamos nació en Dinamarca en 1805 y, desde los comienzos en su andanza en el mundo de las letras y las palabras, siempre se ha guiado por los mejores autores del momento como Stiller o E.T.A Hoffman. Y con esto quiero decir que él mismo fue el que se curtió en el mundo de la escritura, interesándose por él cada vez más. Por lo que, con el tiempo, decidió comenzar a crear sus propias obras, tales como “La Cerillera”, “Oliver Twist”, “La sirenita” ó “El patito feo”, por poner solo unos ejemplos. De sus obras, destacamos que principalmente lo que Andersen quería expresar era la realidad del mundo en el que se encontraban, un mundo donde la pobreza y la miseria eran tan comunes como el aire que respiraban. Por lo tanto, sus obras no tienen finales felices precisamente ya que, por desgracia, pocos finales felices había por aquella época.
Sin embargo, Andersen no se limitó únicamente a inventar sus propias historias, sino que tenía también por costumbre modificar y adaptar obras que pertenecían al folclore de la época, tales como “ La reina de las nieves” ó “ El soldadito de plomo”.
Y, a parte de los dos grandes escritores a los que he hecho referencia, voy a recordar a una mujer que nos regalo la versión más extendida de una de las más bellas historias de amor que conservamos: “La bella y la bestia”. Esa mujer era Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, nacida un 26 de Abril en Ruan. Jeanne-Marie se dedicó en su vida profesional a ser institutriz, dama de compañía y profesora de música, pero lo que más le apasionaba era escribir, llegando a alcanzar más de 70 ejemplares nacidos de su imaginación y entusiasmo. Pero, sin duda, su celebridad fue ganada gracias a sus cuentos para niños, entre lo que destaca, como bien he dicho antes, su adaptación de la maravillosa historia de “La bella y la bestia”, dándole ella misma el nombre con la que hoy día la seguimos recordando, a pesar de ser una versión bastante diferente a la actual.
Y, para continuar, no hay mejor forma de hacerlo que hablando de dos hermanos que crearon una gran unión gracias a la literatura y la magia de las palabras. Esos dos hermanos son los famosos “Hermanos Grimm”. Jacob Grimm (1785-1863) y Wilhelm Grimm (1786-1859) nacieron en Alemania, y profesionalmente se les consideraba filólogos. Sin embargo, su profesión fue mucho más allá. De por sí, a los hermanos Grimm siempre les había apasionado el mundo de los cuentos, hasta que, un buen día, les hicieron una propuesta que cambiaría sus vidas: recopilar historias folclóricas de los pueblos alemanes. Ambos hermanos aceptaron el reto y se embaucaron en la aventura de conservar todos aquellos tesoros que, si no se recopilaban, podían perderse con el tiempo. Una vez acabada la recopilación, publicaron un libro de cuentos alemanes, el cual tuvo tanto éxito que tuvieron que publicar varias ediciones e, incluso, empezó a utilizarse como recurso en las aulas. Sin embargo, todos sabemos que la moralidad en aquella época estaba a la orden del día en los pensamientos de muchas familias, por lo que, con el tiempo, comenzaron a llegar quejas de los padres alegando que el contenido de algunos de los cuentos que se leían en las aulas no era especialmente acertado para la inocente mirada de los niños. Por lo tanto, el editor les pidió que modificaran algunos contenidos de los textos, hasta que, por fin, consiguieron que sus cuentos fueran aceptados por todos.
Pero no todo esto quedaba únicamente fuera de España. Dentro de nuestro país, ha habido muchos recopiladores muy nombrados que han ayudado a que perdure nuestra cultura folclórica hoy día.
Por ejemplo, allá por el siglo XIX, hubo una recopiladora llamada Cecilia Vol de Fabel, a pesar de firmar con un nombre totalmente distinto: Fernán Caballero. Quién iba a pensar que realmente era una mujer la que se escondía detrás de ese nombre, ¿Verdad?
A Cecilia, la pasión por los textos folclóricos le venía ya de sangre, ya que su padre amaba el mundo del folclore, sobre todo las coplas. Sin embargo, ella tenía un don especial innato que le hacía amar la escritura, por lo que, aparte de dedicarse al folclore y hacer varias recopilaciones de cuentos, también escribió muchas novelas propias. Pero, en referencia a los textos folclóricos, a pesar de su amor por la escritura, Cecilia era bastante fiel a las versiones originales, nunca hacía adaptaciones.
Y ya a finales de este siglo, nos encontramos con uno de los editores más famosos que tenemos en la memoria de nuestra cultura: Saturnino Calleja.
El hombre del que hablamos se hizo famoso, principalmente, por la publicación de sus libros con cuentos para niños. En un comienzo, éstos eran libros de los mejores escritores del momento, hecho, además, de los mejores materiales, tanto para la cubierta como para el papel, por lo que no eran libros que pudieran ser adquiridos por todo el mundo. Debido a esto, las ventas no eran muy copiosas, así que decidió ampliar su campo de venta hacia un público con un nivel adquisitivo menor, por lo que tuvo que cambiar la estética de sus libros. En primer lugar, comenzó cambiando los materiales. Empezó a utilizar materiales más económicos, siendo de esta forma un papel más fino y barato. Después, pasó a cambiar el formato y tuvo la genial idea de hacer libritos muy pequeñitos, siendo de esta forma más novedosos y llamativos. Y por último, decidió que al poder fabricar más libros, aumentaría el ritmo de publicación, y comenzó a publicar libros semanalmente. Todo ello, gracias al creciente interés del público, hizo que el nombre de “Calleja” fuera pregonado, llegando incluso a crearse el famoso dicho popular de “Tienes más cuento que Calleja”. Como dato curioso, destaco que no sabemos quién escribía los cuentos que este editor publicaba, ya que el nombre se mantenía en anonimato, pero sí sabemos que aproximadamente una mitad eran cuentos de autor y la otra mitad cuentos sacados del folclore español.
Para acabar de recordar a los grandes recopiladores del folclore español, no podía olvidarme del Padre Coloma. Luis Coloma Roldán nació un 9 de Enero de 1851 en Madrid, y fue periodista, escritor y jesuita. Pero, ¿Cuál fue su principal labor literaria? Principalmente, a parte de la publicación de muchos libros, se dedicó a recopilar y adaptar cuentos del folclore español y europeo para darles una intención moralizante, añadiéndoles en muchos casos moraleja. Al ser muy católico, es curioso ver cómo cambiaba de esos cuentos algunos personajes “paganos” como hadas o duendes, para convertirlos en personajes cristianos. Además, a todos los “malos” de los cuentos los identificaba con el mismísimo demonio, creando un nombre que serviría de recurso a muchos padres para amenazar a sus pobres niños: “Pedro Botero”. El personaje de “Pedro Botero” se puede identificar con el “hombre del saco” o el “coco”. Uno de los cuentos más famosos del Padre Coloma es “Las calderas de Pedro Botero”, aunque no fue éste el único personaje más identificativo de él, ya que nos encontramos ante el creador de aquel ratoncito que nos deja un regalo debajo de la almohada cada vez que un diente nos abandona: El ratoncito Pérez.
Y ya para ir finalizando este recorrido por el folclore, me gustaría hacer un apunte que considero importante.
Como bien hemos visto, existen muchas clases de cuentos folclóricos, una gran variedad de adaptaciones y de ediciones que nos regalan este tipo de textos ya de forma escrita. Por lo tanto, hay que saber elegir bien. Si un buen día nos apetece adquirir un libro en el que se hayan recopilado varios cuentos folclóricos, es conveniente y hasta imprescindible seguir una serie de consejos. Por un lado, no debemos decantarnos nunca por un libro en el que no aparezca ficha técnica ni unas mínimas indicaciones que nos presenten el origen y la creación del libro. Por otro lado, si se indica el nombre del adaptador del cuento, es bueno que venga indicado en qué aspectos se ha basado y qué criterios ha utilizado para llevar a cabo su adaptación. Además, siempre será mejor que sea una adaptación que proceda directamente de la original, ya que si es la adaptación de otra adaptación el cuento va perdiendo su esencia.
Pero, ¿Qué ocurre si queremos adaptar nosotros mismos un cuento? Como bien hemos visto, muchos relatos folclóricos no son del todo apropiados para todas las edades y, quién sabe, si alguna vez en nuestras vidas queremos darle nuestro toque especial a un cuento y adaptarlo para un grupo de niños en concreto, como puede pasar en un aula de educación infantil, por ejemplo. En ese caso, debemos tener en cuenta también una serie de aspectos indispensables para conseguir una buena adaptación. En primer lugar, debemos encontrar un cuento correcto y apropiado para adaptar. Una vez conseguido, cuando empecemos a modificar aspectos, debemos intentar conservar la esencia, los aspectos fundamentales y los símbolos básicos del cuento. Por ejemplo, es bueno cambiar en ocasiones únicamente objetos o personajes para no modificar en exceso. Podemos, también, recortar el cuento si es demasiado extenso. Pero, por encima de todo, a la hora de modificar un cuento, lo que más ha de importarnos y servirnos como referencia ha de ser los intereses y los gustos de los niños.
En definitiva, como hemos comprobar, aunque un poco por encima, el mundo del folclore es un mundo mucho más extenso del que nos podemos imaginar. Con este artículo, hemos podido acercarnos un poquito más él, pero es solo un granito en toda la montaña que debemos construir año tras año, siglo tras siglo, para que nunca, por nada del mundo, perdamos la costumbre de contar cuentos y transmitirlos a los oídos y los corazones de las nuevas generaciones.
WEBGRAFÍA
http://www.cucurrucu.com/trabalenguas-4/index.
http://www.guiainfantil.com/servicios/musica/Canciones/palmas.htm
http://acertijos.elhuevodechocolate.com/de1a12/acertijo13.htm
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/grimm.htm
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/andersen.htm
http://www.cuatrogatos.org/articulogiannirodari.html
ALGUNOS SITIOS INTERESANTES
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/folclor/folclor.htm
http://www.manosalarte.com/cuentospopulares.html
http://www.encuentos.com/leer/cuentos-folkloricos/
http://www.bnm.me.gov.ar/cgi-bin/wxis.exe/opac/?IsisScript=opac/opac.xis&dbn=BINAM&src=link&tb=tem&query=CUENTOS%20FOLKLORICOS&cantidad=&formato=&sala=
martes, 8 de mayo de 2012
Junto a mi taza de té
Con una taza de té bien calientito entre las manos, me pongo a pensar qué a significado para mí esta parte de la asignatura.
Como bien han dicho mis compañeros, nos encontramos antes una asignatura totalmente imprescindible en nuestra formación como maestros, ya que la literatura infantil, por suerte, nos acompañará todos los años que demos clase, y espero, no nos abandone en el resto de años que nos queden por vivir.
Dentro de este bloque, nos hemos sumergido en las profundidades de la literatura infantil, conociendo un poquito más de su historia, algo que considero muy necesario para empezar a abordarla en todos sus aspectos. Más adelante, hemos aprendido a analizar un cuento, una actividad muy pero que muy necesaria para poder crear nuestra futura biblioteca de aula, ese rinconcito donde guardaremos los tesoros con los que disfrutarán tanto nuestros alumnos como nosotros. Y para que ese rincón sea realmente mágico, debemos saber seleccionar adecuadamente los libros que vayamos incluyendo, de forma que realmente sean con los que los niños no solo imaginen, sino que también crezcan.
Tenemos en nuestras manos una labor sumamente importante, la de educar, la de guiarles en sus primeros pasos hacia la madurez, y para ello hemos de saber tratar todos los aspectos necesarios de forma profesional y humana, y sin duda, adentrarles en el mundo de la lectura, asentar las bases de unos futuros lectores, es una de las tareas más importantes, y si lo hacemos correctamente, estoy segura de que nos lo agradecerán con el paso del tiempo, ya que gracias a nosotros, podrán coger un libro y hacer que todo su alrededor desaparezca por un instante.
Viajando al corazón de un libro
DATOS BÁSICOS
Título: “¡Menuda Sorpresa!” Ilustraciones:
Debi Gliori
Autor: Debi Gliori. Diseño: Ian Butterwhorth
Año 1ª Edición: 2002 Título original: Penguin Post
Editorial: Grupo editorial CEAC Traducción: Marta
Mabres.
FORMATO
Tamaño: Mediano.
Grosor del papel: Medio
Encuadernación: Gruesa
Ilustraciones: Los personajes son reconocibles. Las
ilustraciones, además, tienen muchos detalles y los dibujos concuerdan con el
texto.
Formato de texto: Letras grandes y reconocibles.
Existe equilibrio en el texto de cada página.
CONTENIDO
Tema: La
llegada de uno más en la familia.
Estructura: Lineal con nudo acumulativo.
Personajes: Un personaje principal (el pequeño
pingüino), y varios personajes secundarios
(sus padres, su hermanito, y los amigos a los que entrega los paquetes)
Lenguaje y estilo: Utiliza palabras sencillas y
frases simples. Esporádicamente, el autor incluye alguna palabra quizás no tan
conocida por los niños, pero necesaria para ampliar su vocabulario. Respecto al
estilo, es texto ágil y fácil de leer, sin intencionalidad poética. Además, incluye
breves diálogos que hacen una lectura más amena.
Contexto espacio-tiempo: El cuento está ambientado en
el Polo y su situación temporal es
indefinida.
Valores: Se parte de valores positivos para finalizar
con valores también positivos.
VALORACIÓN PERSONAL
Sin duda, lo primero que he pensado al terminar la lectura
del cuento, es que es un libro muy indicado para niños que pronto tendrán un
hermanito, ya que les muestra cómo la llegada de uno más a la familia es algo
positivo, intentando evitar así esos celos tan propios en niños de estas
edades.
Además, nos muestra otros valores como la constancia y la
amistad. Por un lado la constancia, ya que el protagonista desempeña un largo
recorrido repartiendo los paquetes sólo para ayudar a su mamá, siendo éste un
valor muy positivo. Por otro lado, la amistad, ya que el libro finaliza con un
gesto muy amistoso por parte de los animales del Polo hacia el pequeño
pingüino, con la intención de demostrarle lo que le quieren y todo lo que
confían en que será el mejor hermano mayor del mundo.
Por ello, creo que es un libro muy apropiado, no sólo para
niños que vayan a tener un hermanito, sino para cualquier niño de ésta edad en
la que es tan importante inculcarles valores positivos.
Sin embargo, si he de destacar algún detalle que quizás no
me ha gustado tanto, he de hablar de la ilustración de la portada, ya que no me
parece que sea todo lo llamativa que debería de ser, sobre todo para niños de
estas edades.
Pero, por lo general, es un cuento que me ha dejado muy buen
sabor de boca al leerlo, y sin duda lo apuntaré para incluirlo en mi futura
biblioteca de aula.
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